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Europa quiere baterías extraíbles y cargador universal para los móviles

En 2024 entrará en vigor una normativa que pretende reducir sustancialmente la basura tecnológica. Y que le pondrá las cosas difíciles a los fabricantes.

Las baterías extraíbles, el siguiente paso
El problema de las baterías extraíbles para los fabricantes
La basura tecnológica, un problema complejo pese al reciclaje

Hace poco la UE consiguió vencer una batalla que ha costado años y años, que estaba librada satisfactoriamente en Android pero que encontraba dificultades en el entorno Apple. Homogeneizar el cargador de los móviles para convertirlo en cargador universal ha sido una batalla cruenta, pero que por fin ha terminado por cristalizar. 

Tener el mismo cargador para cualquier dispositivo móvil es más que un mero capricho legislativo. De los tres que había disponibles, USB-C y micro USB para Android y Lightning para Apple, se ha acabado imponiendo el USB-C. Esto tiene múltiples ventajas, la principal es que todos tendremos por casa de anteriores dispositivos y los fabricantes no tendrán que incluir un cargador nuevo en cada uno de los dispositivos nuevos que salgan al mercado. 

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Las baterías extraíbles, el siguiente paso

Ahora, la UE busca otro objetivo en mente. Que las baterías de los móviles vuelvan a ser extraíbles, como antaño. ¿Cuáles son las ventajas de que así sean? Básicamente, que puedas reemplazarla por otra. Vaya cosa, pensarás. Pero es que a día de hoy son muy pocos los terminales que disponen de esta batería extraíble. Y que se te escacharre esta batería implica tener que cambiar el dispositivo completo, con el añadido de basura electrónica que se genera y el sobrecoste para el usuario. 

En 2021 salieron al mercado muchísimos modelos de telefónos móviles, y apenas una decena disponía de estas baterías extraíbles. 

Europa quiere dar un vuelco definitivo a esta tendencia y se ha planteado que todos los móviles (también patinetes o bicicletas eléctricas)  dispongan de batería extraíble en 2024. 

La premisa es que las baterías sean fácilmente reemplazables, cosa que pocos dispositivos cumplen hoy día. Y no solo eso, habrá que facilitar a los usuarios unas instrucciones para extraer y sustituir las baterías con facilidad. 

Móvil roto

El problema de las baterías extraíbles para los fabricantes

Los fabricantes se muestran disconformes con esta medida. Dicen que volver a las baterías extraíbles choca directamente con el ancho de los dispositivos, que tendrían que volver a ser más voluminosos y decirle adiós a esa finura y esa delgadez propia de top model de los 90. También afirman que es esencial eso de la batería sellada al chasis del teléfono para que los dispositivos puedan ser resistentes al agua. 

Aún así, muchas empresas juegan con que la reparación actual de estas baterías conlleva un alto coste, por lo que muchas veces compensa comprar un dispositivo nuevo. Algo que choca frontalmente con las pretensiones europeas: ante todo, priorizar el reacondicionamiento y mejorar la vida útil de los dispositivos. 

La basura tecnológica, un problema complejo pese al reciclaje

Es una evidencia. Vivimos en una sociedad donde se ha normalizado el usar y tirar, con el consiguiente incremento de basura tecnológica. Y a las cifras nos remitimos. Determinados componentes tardan en biodegradarse hasta 4.000 años, muchos de ellos son muy perjudiciales para el medio ambiente. 

Los teléfonos móviles contienen alrededor de 40 materiales considerados  tóxicos, como el arsénico, antimonio, berilio, plomo, níquel y zinc, o metales pesados como el plomo, cadmio o el mercurio. 

El 90% de los materiales contenidos en un teléfono móvil se pueden reutilizar. El móvil es uno de los dispositivos de los que se extrae mayor cantidad de materias primas reaprovechables, entre ellas destacan un 65% de plásticos y un 25% de metales comunes. Pero a su vez, los móviles son los dispositivos tecnológicos que más basura tecnológica generan. 

Se trata de un problema acuciante para el planeta. Sin ir más lejos, el volumen de basura tecnológica en 2019 se estima en 53,6 millones de toneladas. Algo que sencillamente no puedes guardar debajo de una alfombra y aquí paz y después gloria. 

El objetivo con esta directiva europea es reciclar el 80% de las baterías en 2030. Además, supone un ahorro de 74 millones de dispositivos, 20.000 millones de euros y 1,5 millones de toneladas de CO₂, que es lo que contamina un millón de coches al año.


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Autor: Christian Val

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