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Queremos móviles que respeten el planeta

La muerte de tu móvil sigue siendo un gran problema para el medio ambiente al que toca poner freno.

Especiales cuidados para la batería
¿Cuál es la solución?


Como en todo, a la hora de poner la lupa sobre una realidad hay diferentes enfoques. Para erradicar medias tintas y posibles interpretaciones ventajistas, hay una táctica que resulta infalible: ofrecer datos y cifras. Son ellas las que nos muestran el contexto global, más allá de interpretaciones de carácter subjetivo. ¿Y por qué decimos esto? Porque conviene fijarse en determinadas cifras de cara a tener una visión mucho más concisa del mundo que nos rodea.

La aceptación de las nuevas tecnologías y más específicamente el uso de móviles continúa en constante progresión. Nuestro país es buen ejemplo de ello. En España nos topamos con que un porcentaje cada vez más elevado de la población tiene acceso a Internet y dispositivo móvil. Según los últimos datos reflejados, 37,27 millones de personas en el país utilizan una línea móvil. Eso sin contar con que muchos de estos usuarios tienen más de un dispositivo en casa. En el resto del mundo, la progresión es igualmente comparable. 5.000 millones de usuarios según la última estimación recabada, finalizado 2017, pero 7,800 millones de tarjetas SIM, superando por primera vez el número total de moradores del planeta Tierra. Y por dar la cifra definitiva, el año pasado se han fabricado 1.472 millones de teléfonos. El año anterior, 2016, nos topamos con una cifra muy similar, 1.473 millones de dispositivos celulares. Según estimaciones de la ONU, 50 millones de toneladas de residuos de aparatos tecnológicos se generan al año. De esta cifra, sólo 7 millones de toneladas acaban siendo reciclados. Queda un mundo por hacer.

Huelga decir tras el párrafo anterior que la industria de fabricación de terminales móviles es una de las más activas del mundo, si bien algunos expertos auguran cierto estancamiento en las próximas fechas. Aún así, miles de millones de dispositivos surcan los lugares más recónditos del planeta. Y como todo aparato tecnológico, llega un momento en el que dejan de encenderse, que se les revienta la pantalla o directamente se ralentizan a un nivel tal que dejan de resultar útiles. Son las cosas de la obsolescencia programada. Y tienen que ver con el afán de los fabricantes de conseguir ventas más cuantiosas de los nuevos dispositivos que se generan como churros. El resultado, miles de móviles que acaban guardados en un cajón por si las moscas (aunque nunca se acaba reutilizando) o directamente, en algún cementerio de móviles.

En nuestro país al hacerte con uno de estos dispositivos también estáspagando una cuota destinada al reciclaje del mismo. El fabricante tiene la obligación de garantizar este proceso, y para ello se vale de empresas especializadas en estas tareas. Y el reciclaje se torna esencial cuando descubrimos que un 90% de sus piezas pueden ser recicladas con éxito. Para ello, lo esencial es deshacernos correctamente de un dispositivo, esto es, llevándolo a algún punto limpio o de recogida habilitado a tal efecto, algunos de ellos en contenedores en plena calle o en determinados centros comerciales. Desde ahí, el dispositivo se almacena hasta tener la cantidad suficiente para ser enviados a plantas de reciclaje, gestionadas por diferentes empresas especializadas.

Especiales cuidados para la batería

La batería, por su complejidad, se convierte en uno de los elementos esenciales a la hora del reciclaje. Es el primer elemento que se separa de la carcasa para ser tratado en profundidad. En su momento, estaban constituidas de metales con gran capacidad de contaminación, como el níquel-cadmio. Actualmente, la gran mayoría de baterías están compuestas fundamentalmente de litio, que se trata de algo menos contaminante pero constituye un material de lo más inestable, y conviene tratarlo con especial delicadeza. Por ello es incluso relegado a una planta de reciclaje específica para baterías. Las estimaciones hablan de que una batería estándar de móvil sin reciclar puede contaminar hasta 600.000 litros de agua. 

El resto de componentes, tales como placas, circuitos y carcasas son más fácilmente reutilizables. Por regla general se separan los materiales y obtenemos metales reutilizables, como el cobre, aluminio, estaño e incluso zinc, todos ellos fácilmente recuperables del más allá de cara a formar parte de nuevos y flamantes dispositivos. Incluso determinadas piezas de plásticopueden resultar útiles para otorgarles una nueva vida. Si sacamos la lupa y la báscula de ultraprecisión, descubriremos que los móviles disponen también de materiales muy valiosos y cotizados, como el oro y el coltán, pero en cantidades tan minúsculas que habría que juntar varias toneladas de móviles para poder hacerte con un gramo de estas sustancias.

¿Cuál es la solución?

La fabricación masiva de teléfonos móviles supone además un gasto energético inherente, no solo en las fábricas donde se lleva a cabo esta operación, sino también después en tus manos, en la carga de energía de tu smartphone, la cual, probablemente y en función de su uso, puede realizarse al menos una vez al día. ¿Verdad? ¿Verdad que sí? Y alguna más también. El proceso de fabricación de un teléfono celular expulsa a la atmósfera de media unos 16 kilos de dióxido de carbono. Si además le sumamos el gasto eléctrico a la hora de recargar las baterías aumenta hasta los 22 kilogramos. Y luego los complejos sistemas que transportan la información pueden multiplicar por tres estas estimaciones. Un gasto muy elevado y que conviene tener presente. Sin hablar ya de la cantidad de desechos que se generan en la cadena de montaje.

Un problema de dimensiones similares o mayores es el que nos topamos a la hora de conseguir las materias primas que requieren este tipo de dispositivos. Muchos materiales, como el coltán (que se saca en un 80% de minas congoleñas), esconden un oscuro negocio promovido fundamentalmente por mafias y grupos armados, que controlan la situación con mano de hierro, subyugando a los pobladores de uno de los países con más conflictos armados de todo el planeta. También está en nuestra mano luchar de forma activa contra estas injusticias. Mediante el uso de empresas como Fairphone. Una empresa holandesa que desde 2013 trabaja con materias primas que apoyan economías locales y se posicionan en contra de estas milicias armadas y su instauración en lugares calientes del planeta, y que responde a la demanda creciente por parte del consumidor occidental de productos que sean éticamente intachables, sin utilizar minerales manchados de sangre, por ejemplo. También en la manufactura del dispositivo se pueden encontrar contrastes significativos con el tristemente habitual método utilizado por la mayoría.

Las soluciones están claras, y aunque dependen fundamentalmente de los fabricantes, nosotros como usuarios podemos poner nuestro grano de arena. De primeras siendo conscientes de llevar el móvil a un punto de reciclaje una vez no lo vayamos a usar más. Nada de tirarlo a la basura y sentir que estás haciendo un gran trabajo. Si está en condiciones, ponerlo en el mercado de segunda mano es la forma más sencilla de reutilizarlo. Y a la hora de reciclarlo, se puede hacer por dinero, donde una empresa hace una valoración de los componentes y te paga para quedarse con tu viejo terminal. Pero también puedes ser solidario en su reciclaje. ONG´s como Oxfam o Intermón rescatan estos aparatos que a lo mejor a ti ya no te sirven, pero cuyos componentes (o dispositivos enteros) sí pueden ser utilizados por otras personas que no tengan las mismas facilidades). Y por supuesto, siempre puedes reutilizar según qué piezas echándole un poco de imaginación.

¿Y por parte de la industria? Pues también hay pasos en la buena dirección. De primeras, la innovación tecnológica busca mejorar el “rendimiento ambiental” de los teléfonos, consiguiendo realizar el ensamblaje con materiales más sostenibles y produciendo dispositivos con materiales mucho más eco-friendly, algunos de ellos reciclados por completo. Y como no podía ser de otra forma, la importancia del uso de unos materiales y no otros contribuye a la postre de manera fundamental en la huella que vaya a dejar ese dispositivo en el planeta. Apostar por erradicar los plásticos de hidrocarburos por baterías basadas en la celulosa y por tanto mucho más biodegradables parece una noticia de lo más alentadora . Son bioplásticos, y pueden disolverse de un modo muy sencillo, lo que reduce considerablemente su impacto en el medio ambiente.

Los pasos al frente, reconozcámoslo, son constantes. Entre ellos, una intentona que de momento parece paralizada pero que en un futuro puede suponer una solución de urgencia: los teléfonos con batería solar, en 2010 salió un dispositivo llamado Samsung Blue Earth, si bien no supuso ningún boom tras su llegada al mercado. De momento, las baterías funcionan fundamentalmente con iones de litio. Pero tras el descubrimiento de la Universidad Tecnológica de Singapur, podría tener sus días contados. Han probado con éxito una nueva batería compuesta por titanio, que en tan solo 2 minutos de carga rellena tu batería la friolera de un 70% y que podría durar hasta 20 años, multiplicando exponencialmente el uso de las actuales. Y de forma paralela ya está en un estado muy avanzado un proyecto de baterías llamado SiliconX, que son baterías basadas en silicio que pueden durar hasta cinco veces más que las convencionales, al que Samsung ha echado el ojo en las últimas fechas.

En esta dirección, la Universidad de Binghamton en New York ha creado una batería biodegradable basada en nada más y nada menos que el papel. Hasta ahora se habían realizado múltiples probaturas, pero ninguna de las baterías alcanzadas fue lo suficientemente potente. Ahora parece que al fin un prototipo está consiguiendo con solvencia los estándares previstos en lo relativo a duración, prestaciones y condiciones biodegradables, con lo que el filón queda oficialmente abierto.

Algo que lleva años intentando entrar con fuerza en el mercado telco pero no llega a arrancar de forma definitiva es el desarrollo de los móviles modulares, que no es otra cosa que un smartphone por piezas reemplazables, al más puro estilo Lego. Así no tendrás que deshacerte de tu móvil sino cambiar una pieza por otra. Actualizar teléfonos, y no desecharlos. Como llevas haciendo toda la vida con otros dispositivos, como tu ordenador. Actualmente siguen vivos, pero con una visibilidad muy pobre, con lo que entendemos que no serán alternativa en un futuro cercano. Quizá toque repensarlo por parte de los fabricantes, empujados por la falta de materias primas.

Sea por abaratar costes, por mejorar rendimiento o por darnos cuenta de que por el momento el ser humano solo tiene un planeta habitable del que subsistir, urgen soluciones tangibles y con carácter inmediato. Y es que la supervivencia del ser humano como especie depende de la importancia que le otorguemos a luchar contra nuestra propia extinción creando artilugios mucho más respetuosos con el lugar donde nos ha tocado vivir. Mucha suerte con eso, por la cuenta que nos trae.

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