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Llegan los insectos robot

Robofly es el primer insecto robot inalámbrico y sin batería.

Venga, vale. No insistan. Vamos a sacar un poquito la vena conspiranoica que todos tenemos en mayor o menor medida. Y esta noticia viene que ni pintada para dejar volar nuestra imaginación. Sucedió en La presa, esa novela de Michael Crichton que te dejaba el cuerpo regular. Lo hemos visto también en un capítulo de la tercera temporada de Black Mirror. El último, concretamente. Aquel en el que una horda de abejas robóticas se quedó instalada en nuestras más recurrentes pesadillas durante algún tiempo (sí, he de confesar que todavía tengo escalofríos solo con recordarlo).

Lo de los insectos robóticos ya es vox populi, y no solo nos movemos en el campo de la ciencia ficción cuando hacemos mención a ellos. La universidad politécnica de Varsovia crearon, hace no demasiadas fechas, la primera abeja robótica, concebida para polinizar flores de manera artificial. Todo un invento que puede paliar en medida el desastroso daño irreversible que le está causando la mano humana a las abejas de toda la vida, esenciales a nivel biológico para el mantenimiento de los ecosistemas de todo el mundo. En este caso, este dron de miniatura es capaz de encontrar una flor, recoger el polen que conserva en su interior para después transferirlo a la flor femenina y obrar el milagro de la vida.

Pero sería bastante iluso el hecho de pensar que ese sea su objetivo primigenio. De hecho, el espionaje militar y diversas cuestiones bélicas se nos antojan como principales. Quizá es que hemos jugado demasiado al Metal Gear Solid. Quién sabe. Ahora que conocemos la existencia de Robofly, los rumores se disparan. Robofly es otro robot con forma de insecto, y peso por debajo de un gramo.

Lo novedoso es que puede volar sin necesidad de portar una batería, lo que suponía un lastre enorme en aras de su correcto funcionamiento. Y lo hace mediante una célula fotovoltaica que recibe un haz láser que se transforma en esta célula en electricidad suficiente como para que nuestro moderno amigo pueda batir sus alas y, consiguientemente, volar. Un controlador que funcionaría a modo de “cerebro” del dispositivo servirá para indicar cuándo realizar este aleteo y cuándo, por el contrario, toca detenerse.

Esto, que nos parece fascinante, podría en un breve periodo de tiempo, pruebas mediante, constituir un nuevo ejército volador listo para ser usado por cualquier inteligencia bélica con los suficientes recursos. Quizá el concepto actual de guerra se quede desfasado en muy, muy poco tiempo. Si ahora los drones ya son un elemento indispensable de la maquinaria bélica, en un futuro no muy lejano podrán ser sustituidos en funciones por estos cachivaches, mucho más difíciles de detectar por parte del enemigo.

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