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El fin de la neutralidad en la red

EEUU pretende derogar la ley que regula que el tráfico de datos transite por Internet por igual. Se rompe la baraja en la red.



Hay quienes, ilusos, consideran aún Internet como un vastísimo terreno sin legislación donde todo vale. Si es cierto que existen muchos puntos negros que gravitan en torno a la alegalidad, pero por regla general se trata de un cortijo donde ningún caballo puede ir sin sus correspondientes riendas.

Quizá una de las normas más esenciales para el funcionamiento de Internet es la neutralidad de red. Un principio mediante el cual los proveedores de servicios de internet, así como los diferentes gobiernos que lo regulan, deberían realizar el mismo tratamiento para todo tráfico de datos que transita por la red, sin discriminación alguna y sin diferencias a la hora de cobrar al usuario de modo distinto en función del contenido, web, plataforma, aplicación o similares modos utilizados para el acceso a la red. Esta neutralidad debería ser especialmente clara en la forma en la que los proveedores de servicio de Internet (ISP) proporcionan el mismo servicio a todos los usuarios, particulares y empresas.

Esta neutralidad, que supone uno de los principios fundamentales de internet desde su creación, podría verse resquebrajada. Y es que la agencia que regula las comunicaciones en EEUU pretende derogar el marco normativo de esta neutralidad, rompiendo en mil pedazos la igualdad de acceso a los contenidos. Mediante la Comisión Federal de Comunicaciones, se otorga luz verde a los proveedores para alterar la calidad y disminuir la velocidad de transferencia de los contenidos, en función de sus intereses o los acuerdos comerciales. Debido a la mayoría republicana en el Senado, se estima que esta medida podría entrar en vigor ya en 2018.

Las ISP más potentes del mercado estadounidense, como Comcast, Verizon o AT&T, serán capaces de bloquear contenidos, ralentizar servicios de transmisión de vídeo de sus rivales y beneficiar a sus socios predilectos mediante “carriles rápidos”.

Y, como siempre que se toman este tipo de decisiones gubernamentales, las más desfavorecidas serán las empresas pequeñas. Este tipo de ofertas preferenciales perjudica en gran medida a la competencia por parte de los proveedores más pequeños. Parece lógico que compañías de la envergadura de Netflix o Amazon sean capaces de pagar para patrocinar datos y obtener acceso preferencial, pero las compañías más modestas van a tener un verdadero problema. Los detractores de esta medida argumentan que atenta directamente contra la libertad de elección online.

Ponemos un ejemplo específico para ilustrarlo. Discord es una empresa encargada de videochat, con un volumen aceptable de negocio, pero por debajo de Skype de Microsoft, Hangouts de Google o Whatsapp de Facebook. Si a Discord se le ocurre otorgar un servicio mejor que las anteriores, éstas pueden obtener ventajas asociándose a proveedores de banda ancha para darle más prioridad o velocidad a sus conexiones, relegando a Discord a un segundo plano devastador para la empresa.

Las consecuencias de finiquitar la neutralidad en la red serían también muy evidentes para el usuario. De primeras, los proveedores de banda ancha podrían cobrar más a otras compañías de comunicaciones para que sus usuarios tengan acceso a su contenido de forma más rápida que lo que ofrece la competencia. Los servicios de Internet, si la cosa prospera, podrían limitarse y convertirse en un oligopolio, en el que muy pocas y poderosas empresas tendrían las riendas y manejarían a su antojo el mercado. Pero lo más normal es que se produzca un cambio gradual en las tendencias, y nos encaminemos a las suscripciones que brinden acceso ilimitado a determinados proveedores, mientras que se cobre extra por utilizar los demás.

Esto fomentaría la creación de un Internet de dos velocidades, donde el pez grande tiene todas las papeletas para acabar deglutiendo al pez chico.

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