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Anónimamente conectados

Sarahah es una app que se ha vuelto viral basando sus interacciones en el anonimato.



Henos aquí ante lo que podríamos considerar una intentona de hacer el bien que salió regular. El anonimato es en más de una ocasión una quimera en Internet. El que lo usa en determinadas redes sociales (fundamentalmente Twitter, claro) se siente amparado a su cobijo. Bajo su capa, dotados de un avatar falso y una identidad inventada, ocultando nuestros puntos débiles y creciéndonos en la dialéctica y en las formas impropias cuando alguien osa mear en nuestro terruño. El anonimato, ese filo de doble hoja que puede ser un aliado o convertirse en una auténtica pesadilla.

El mayor activo de Sarahah es este citado anonimato. Se trata de una app creada por un programador saudita llamado Zain al-Abidin que nació con una idea en mente: ofrecer un canal de retroalimentación anónimo para fomentar la comunicación bidireccional entre empleados y jefes, donde siempre el discurso suele ser más contenido por miedo a represalias en forma de despido improcedente, descuido y empujón en las escaleras de la oficina o una bajada sustancial del salario. Normal, es que llamaste “botarate” a tu jefe en la cara. Un saludo al mío, que nos estará leyendo.

El nombre de la app tiene una traducción que viene a ser algo así como “franqueza”. Y ese era su cometido inicial, que sus usuarios, sintiéndose seguros y confiados con la herramienta, pudieran ofrecer comentarios constructivos, y en su comienzo fue una importante herramienta social en los países de Oriente Medio, donde le sirvió como válvula de escape a mucha gente para publicar declaraciones de homosexualidad y otras confesiones difíciles de plantear en una sociedad retrógrada, así como cartas de amor. Y en su génesis funcionó. Pero claro, era cuestión de tiempo que les saliera el tiro por la culata. La aplicación, según últimas estimaciones, cuenta con millones de usuarios a nivel global, siendo la cuarta más descargada durante los meses de estío. La gran mayoría se concentra en EEUU, y los jóvenes suelen incluir un link a ella en su bio de Snapchat, (también en otras redes sociales, claro) que pese a su retroceso a nivel global sigue siendo una app con mucho tirón entre la chavalada norteamericana.

Lo que nació como una herramienta para difundir bondad rápido se ha convertido en una herramienta favorecedora de abusos y acoso. Hola, bullying. Desde el anonimato resulta mucho más sencillo acosar y derribar la frágil alma adolescente. Hay que recordar también que Sarahah no es pionera a la hora de proponer este tipo de comunicación. Aplicaciones anteriores también ofrecían un servicio similar, y también han generado problemas variados. Algo similar era Formspring, que tuvo que hacer un lavado de cara y convertirse en spring.me. También otras como Yik Yak o Ask.fm, que ha tenido que afrontar polémicas acusaciones después de que se le acuse del suicidio de hasta siete jóvenes.

Además, tampoco juega excesivamente a favor de Sarahah que se hayan filtrado informaciones acerca de sus deficiencias en cuestiones de seguridad, con fallos que se ceban especialmente con la versión web de la app. Desde la compañía se ha intensificado la mejora de un filtro anti acoso y de seguridad que bloquea automáticamente palabras con connotaciones negativas, como “matar”. Tampoco se permite el envío de fotografías ni vídeos, y existe un filtro de IPs para poder bloquear comentarios, sean de un usuario registrado o no. Aún así, el camino a recorrer es todavía kilométrico, y más teniendo en cuenta el perfil que habitualmente hace uso de este tipo de aplicaciones.

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