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Por algo es el espejo del alma

La inteligencia artificial será capaz de descubrir con un mero vistazo a tu cara cuál es tu nivel de inteligencia y a quién votas. Así de categórico.



Alerta grave para el género humano. Poco a poco nos van limitando una de nuestras capacidades que, como seres vivos, nos otorgan un mayor encanto. En esta alocada carrera tecnológica cual pollos sin cabeza, el nuevo objetivo radica en borrar cualquier capacidad que tengas de generar misterio o sorpresa en el prójimo. Y estamos hablando de una de las armas que más nos diferencia como especie. Atrás quedarán esos silencios velados, ese callarse u omitir cosas para tejer sobre nuestro personaje un aura de voluntario misterio, un halo impenetrable que nos servía hasta ahora para escudarnos y esconder nuestros sentimientos.

Y hablamos en pasado porque parece que la tendencia es imparable. Y tendremos que acostumbrarnos en las próximas fechas a que ya no existan secretos para nadie. Cuando esta imparable tecnología de reconocimiento facial alcance el siguiente nivel, la cosa se va a poner seria. Con un escaneado fugaz de tu rostro, una máquina va a ser capaz de determinar el potencial  máximo de inteligencia que supone tu techo y hasta a qué partido político votas.

Así lo defiende Michal Kosinski, un profesor de la universidad de Stanford que hace unas semanas estuvo en el ojo del huracán después de asegurar que la IA (la inteligencia artificial) está en un proceso muy avanzado de cara a discernir sobre la orientación sexual de cualquier individuo. Esta afirmación, que levantó mucha polvareda al equiparar las preferencias sexuales con una serie de rasgos fisiológicos, se sustenta ahora en nuevos planteamientos. No solo conocerá tu sexualidad, el partido político al que eres afín o las capacidades de tu intelecto, sino que también, usando fotografías, seremos capaces de determinar si están predispuestos a cometer algún tipo de conducta criminal, así como muchas otras cuestiones acerca de su personalidad.

Como es lógico, esta tendencia choca de frente con varias cuestiones éticas de carácter complejo, que incluyen un claro daño a la privacidad del individuo. Las caras contienen una gran cantidad de información que depende de muchos factores, y usando varias fotos de una persona, los programas sofisticados pueden hallar claves y pistas sobre diferentes aspectos de tu vida, empezando por si estás saludable o no. Si el invento se quedara ahí y tuviera fines estrictamente médicos nadie podría sentirse alertado.

Este reconocimiento facial podría llegar a determinar en una escuela cuáles son los niños a los que compensa entregar una mayor dedicación a la hora de enseñarles, porque sus rasgos nos dan a entender que pueden tener un potencial mayor. Segregar las clases en función de unos rasgos físicos se nos antoja una opción bastante racista de cara a equipar la educación de instrumentos válidos y necesarios en un futuro cada vez más cercano. Que unos niños practiquen bullying contra un joven al que han sometido a reconocimiento facial para descubrir su orientación sexual tampoco parece miel sobre hojuelas. Ni tan siquiera hablar de las decisiones judiciales que se tomen porque cierta persona tenga unos rasgos que ofrezcan potencialidad para ese tipo de actos.

 Mientras tanto, y a día de hoy, la ley a nivel internacional por regla general considera tu cara como “información pública”, si bien es cierto que ninguna normativa recoge el supuesto tecnológico que os contamos en este artículo. Aún.

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