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¿Qué podemos esperar del 5G?

La tecnología que releve al 4G ofrece, a priori, unas suculentas características. Arrojamos algo de luz sobre la revolución que está por llegar.



Es un secreto a voces. En los mentideros tecnológicos se suceden los chascarrillos sobre una nueva tecnología que está por llegar y que puede representar un salto definitivo en el mundo de las telecomunicaciones, comparado por algunos gurús a lo que supuso a todos los niveles la revolución industrial. Un hito que va a modificar nuestra vida, que va a enredar más aún la madeja de conexiones y a empujarnos a vivir un futuro cada vez más cercano.

Aunque actualmente se encuentra inmersa en diferentes probaturas individuales por parte de las diferentes empresas en busca de su perfeccionamiento. 2018 es el año de su pistoletazo de salida para el gran público. Pero de ahí hasta que se produzca la tan deseada estandarización todavía queda un largo camino. Se estima que será la conexión más utilizada a nivel global de cara a 2025.

En esta escalada tecnológica de cara a la cima del 5G, hay algunas compañías que se sitúan en cabeza. Es el caso de Ericsson o Samsung, que ya ha demostrado poder afrontar con éxito velocidades de incluso cinco de bajada, una barbaridad), o Huawei, que desarrolla desde hace unos años redes 5G junto con la rusa Megafon.

Las operadoras en España también tienen muy en mente los avances que pueda ofrecernos esta nueva forma de conectividad. De momento, los tres grandes operadores a nivel nacional continúan invirtiendo en redes 4G, en previsión de que la llegada del 5G a España no sea a corto plazo. De momento, lo más puntero a lo que podemos aspirar a día de hoy en nuestro país es la velocidad 4G+, que mejora sustancialmente el 4G pero todavía está lejísimos de lo que se presupone que el 5G podrá desplegar. Además, este 4G+ es un servicio ofertado exclusivamente por estas tres grandes operadoras, y solo en algunas ciudades de nuestra geografía. El intento más cercano con alcanzar esa velocidad de vértigo ha tenido lugar en el World Pride de Madrid este mismo año, donde se instaló por parte de Vodafone una tecnología denominada “Massive MIMO”, que multiplicaba por cinco la señal, mejorando el uso colectivo de la red en lugares donde hay una ingente afluencia de personas. Sería, básicamente, una conexión 4,5G. A medio camino entre lo que tenemos ahora y lo que conseguiremos en un futuro muy cercano.

¿Qué ofrece el 5G que nos tiene tan ensimismados? Pues velocidad. Mucha. Hasta tal punto que ya no será un problema disfrutar en nuestros dispositivos móviles de contenidos en streaming con calidad 4K, multiplicando por diez la velocidad actual de conexión. Así, se alcanzarán velocidades de descarga mínimas de 20 Gbps y 10 Gbps de subida. También presenta sustanciales cambios en latencia, la rapidez con la que un dispositivo puede conectarse a la red. Este es un aspecto esencial de cara al futuro, ya que muchos aparatos “autónomos” (semáforos, coches) requerirán una respuesta casi inmediata  .Con la llegada del 5G se estiman velocidades de respuesta de 4ms, una reducción considerable con respecto a los números actuales (de 50 a 150 milisegundos).

Igualmente, se tendrá que producir un cambio forzoso en las bandas de frecuencia. Se estima que gran parte del 5G corra en banda de 700MHz, que a día de hoy ocupan las cadenas de televisión con sus emisiones en TDT.

Este último aspecto puede suponer un elemento ralentizador a la hora de instaurar el 5G, ya que el Gobierno tiene de margen hasta 2020 para llevar a cabo este trasvase, pero las televisiones se aferrarán con uñas y dientes debido a su tremendo poder político en la toma de decisiones relativas al mundo de las telecomunicaciones. La cosa, por tanto, puede enquistarse. El objetivo es que muchos más dispositivos puedan conectarse sin sufrir interferencias.

Además de la conectividad y la velocidad, la conexión 5G tiene un cometido fundamental. Favorecer la llegada y desarrollo del llamado Internet de las cosas (IoT). La creciente interconexión digital de objetos cotidianos con Internet. Que tu tostadora, tu frigorífico, tu smart TV,  tu pulsera digital o todo tu edificio inteligente estén conectados generará a la larga un problema de conectividad, que tendrá que ser paliado por el 5G. Según estimaciones de la empresa Gartner, para 2020 se estima que haya veinte mil millones de aparatos conectados a Internet. Para 2025, la cosa crecerá exponencialmente, con cien mil millones.

De cara a las empresas, el 5G se erige como un elemento necesario de cara a recolectar los datos de funcionamiento de estos productos de cara a entender mejor el modus operandi del usuario a través de sus cachivaches tecnológicos. Las riadas de big data que se van a generar a raíz de este uso masivo serán uno de los desafíos más interesantes con la llegada de esta nueva forma de conectividad.

Actualmente en el mundo hay 7.600 millones de conexiones a Internet. Cuando el 5G se instaure, esta cifra va a quedar ridículamente pequeña. Además, el impacto económico que plantea este nuevo reto tecnológico se cifra por los especialistas en 12 billones de dólares, y la creación de empleo solo en el sureste asiático se cifra en 12 millones de puestos de trabajo hasta 2035. El desafío, además de tecnológico, es de usabilidad. Que el diseño y la sencillez de uso prevalezcan, así como que pueda ser accesible para la mayor parte de la sociedad. El futuro, ahora sí, pide paso con premura. Conviene que no nos coja a pie cambiado.

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