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Un año del juego que lo cambió todo

Pokémon Go revolucionó el concepto de entretenimiento para millones de personas en todo el mundo. Contrastamos el fenómeno un año después.



Excepcional piso, muy luminoso, dos habitaciones, parqué, ascensor y dos pequeños balcones desde los que hay acceso a una Pokeparada. Esto, aunque pueda parecer ficción, es real. Data de septiembre del año pasado y pertenece al anuncio de un piso de alquiler a pocos metros de mi domicilio. Poco antes, el seis de julio (y el 15 llegó a España) el mundo saludaba con una mezcla de ilusión desmedida y nerviosismo escéptico una aplicación dispuesta a robarnos en verano todo atisbo de paz y tranquilidad, a llevarse la batería de nuestros móviles de forma casi cruenta. Pokémon GO, desarrollado por Niantic y con la alargada sombra de Nintendo a sus espaldas, destrozaba todos los registros de adicción entre jóvenes y no tan jóvenes. Una auténtica revolución nunca antes vivida en el mundo de los videojuegos.

Llegaba Pokémon GO, y con él, la instauración de la realidad aumentada en los videojuegos. Anteriormente ya se había probado en otros títulos, pero ni de lejos consiguieron la explosión social que el título que aquí nos ocupa. Exprimir una saga que tuvo en su día muchos seguidores pero estaba ciertamente hibernando no parecía una gran idea. Tampoco basar el juego en la localización y obligar a los usuarios a desplazarse por su localidad para cazar a estos adorables bichitos. La obsesión por hacerse con todos llevó a sus jugadores a escenas completamente surrealistas, donde en ocasiones se ponía en peligro la vida de los cazadores, obnubilados ante la posibilidad de conseguir una nueva especie, de mejorar su nivel o de pelearse para hacerse el jefe del gimnasio de turno. 

Para muchos a los que la generación Pokémon no nos cogió de lleno, descargamos este juego en nuestros dispositivos con cierto escepticismo, y corroboramos que se trataba de un elemento tan prescindible y quita tiempos como adictivo y necesario. El enganche duró más a algunos que a otros. Las oficinas se llenaron de gente fardando de sus conquistas cibernéticas, de chivatazos sobre que en el parque de enfrente habían encontrado un, charlas en la cafetería sobre que había que mudarse de barrio porque estaba lleno de los puñeteros Pidgeon. Todos conocíamos a alguien que presumia de haber cazado un Charizard, e Internet se llenó de vídeos donde trombas de jóvenes (y-no-tan-jóvenes) cruzaban autopistas, arrasaban cementerios, entraban en propiedades privadas y escribían un nuevo orden social desde la pantalla de su propio dispositivo. Hubo muertes, por acercarse demasiado a zonas peligrosas, e incluso atropellos por conducir utilizando la aplicación. Una auténtica revolución adoctrinada, que vista desde fuera alertaba a todos los estratos sociales, y con razón. 

Ahora, un año después, muchos jugadores siguen disfrutando de la llamada “Segunda generación Pokémon”, creada ex profeso para aumentar la vida útil del juego. Muchos de nosotros lo acabamos abandonando, presos de la frustración. Algunos por haber conseguido todos y entender que ya no existían retos añadidos. Los grandes fans continúan impertérritos en una fascinación por un videojuego de tanto peso que ha cambiado patrones sociales de comportamiento, que ha zombificado a muchos y ha hecho socializar a otros que rara vez salían de su casa.

Lo que está por venir en el mundo de la realidad aumentada modificará el modo convencional de disfrutar de los videojuegos. Pero ya nunca nos sorprenderá tanto como Pokémon Go.

ysi... todavía no eres uno de esos Entrenadores Pokémon recuerda que puedes descargar Pokemon Go desde Google Play y desde el App Store.

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