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Al morir, ¿Qué pasa con mis redes?

Cuando una persona fallece, no sabemos a ciencia cierta qué hacer con sus redes sociales. Parece que ahora se empieza a vislumbrar cierta solución al respecto.



Morirse es una faena. Para muchos, por aquello de dejar de respirar, al trascender de la vida terrestre y convertirse en un ente no corporal. Para otros, más escépticos, es una mala pasada no poder seguir tomándote unas cañas con los colegas cuando te plazca. Pero nunca habíamos tenido en cuenta qué sucede exactamente con nuestras redes sociales.

Mueres. Una lástima, ley de vida, no somos nadie, siempre se van los mejores. ¿Y luego qué pasa con tu Facebook? No hablamos de que tengas menos likes de lo habitual, sino de quién se encarga de cerrar esa cuenta? ¿O de mantenerla abierta y actualizarla a tu gusto?

La serie Black Mirror planteaba algún que otro interrogante parecido, pero la realidad es que nos topamos con que existe una especie de vacío legal con respecto a una situación que ya es tan frecuente como otros aspectos siempre ligados a la liturgia del fallecimiento.

La pregunta sobre la mesa es la siguiente. Una vez fallecido, ¿quién puede legalmente hacerse cargo de las cosas subidas a la nube? ¿Quién ha de hacerse cargo de todo ese patrimonio?

Pues bien, parece que el primer paso se ha dado. El primero en dar el paso en nuestro país ha sido el gobierno catalán, que acaba de aprobar un proyecto de ley de voluntades digitales, donde se permitirá a los ciudadanos designar a una persona encargada de gestionar sus cibernéticos bienes en el caso de su fallecimiento. 

Se trata de la figura del heredero digital. Y parece ser que, según la ley, tendrá competencia en cuatro apartados bien definidos: comunicaciones electrónicas; cuentas en las redes; la información en la nube o los dominios de la persona fallecida.

Igualmente, se pretende legislar para permitir que los padres puedan tutelar el contenido de sus hijos menores de edad en las redes, para borrar contenidos que puedan parecer inapropiados a sus ojos. Algunos agentes solicitan a organismos supranacionales como la ONU que se encarguen de elaborar una legislación vigente de carácter universal.

Por supuesto, sea cual fuere la decisión que se tome, ya sea en un juzgado local o en un estamento válido para todo rincón del planeta, siempre habrá que contar con el consentimiento de las propias redes sociales. De momento, parece que tanto Facebook como Twitter no se han declarado sobre el particular.

 El debate, como en todos estos casos donde hay cuestiones antropológicas de por medio, solo acaba de empezar. ¿Nos cuentas tu punto de vista? ¿ ysi... nos hace falta el Twitter en el paraíso, aunque sea para trollear al más pintado?

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